El inventario de los ausentes: Capítulo 2: La casa de San Jerónimo 707
La primera vez que Tamara entró en la casa de San Jerónimo después de la muerte de su abuela, encontró una paloma muerta en el pasillo. Estaba junto a la pared, debajo de una ventana que no cerraba bien. Tenía las alas abiertas y las patas recogidas contra el cuerpo. Tamara la miró un momento antes de buscar una escoba. No quiso tocarla con las manos. La casa llevaba mucho tiempo cerrada. Había polvo sobre los muebles, manchas de humedad en el techo del comedor y un olor difícil de identificar que se había instalado en las habitaciones. En la cocina, una canilla goteaba dentro de la pileta, y cada tanto, una gota caía con un ruido seco que parecía más fuerte por el silencio. Tamara dejó la escoba contra la pared y abrió las ventanas. No sabía cuánto tiempo iba a quedarse. La casa había pertenecido a su abuela paterna. Después de su muerte, la había heredado, aunque durante meses no encontró razones suficientes para instalarse allí. Seguía teniendo sus horarios, sus obligaciones y sus c...